Minucias

Hoy, al salir de clase, han pasado un par de cosas de esas que te gustaría compartir con alguien, porque sino pierden la gracia. En India, estas minucias pasan continuamente y se convierten en la salsa de un día que ha sido bastante picante.

Salía del aula con mis alumnos, uno de ellos guaperillas, cuando nos hemos cruzado con un grupo de musulmanas, casualmente ataviadas de arriba a abajo de negro. Cuando uno ve a estas chicas con pañuelos en la cabeza, que solo enseñan su cara o solo sus ojos se imagina lo peor sobre su vida. No sé… es como el lado oscuro de la adolescencia, no? Una castración social o familiar o lo que sea… pues una del grupito, regordeta y con la cara al descubierto, pero de arriba a abajo de negro, com he dicho, le ha soltado al guaperillas de mi clase, que por cierto es hindú… “hey, sexy”… y se ha ido entre sonrisas con sus amigas. Da que pensar.

La otra minucia es algo más recambolesca. A mi llegada a la guest house, después de cenar, me he topado con un búfalo blanco enfrente de la puerta, en la calle. He intentado esquivarlo pero me he dado cuenta que arrastraba algo muy largo que no me dejaba bordearlo por ese lado, y he tenido que ir por el otro. Un hombre flacucho le tiraba del morro. Sólo cuando el animal, que se mostraba bastante reticente, ha empezado a andar, me he dado cuenta que llevaba una especie de remolque con ruedas de coche y encima una biga de hierro que debía medir tranquilamente unos 10 metros. Al intentar girar el animal se ha quedado atravesado en medio del tráfico abundante, las bocinas no paraban de sonar, porque en la India, conduciendo, se pita mucho… Y cual trailer de Japic Petit, la empresa de transportes de mi pueblo, ha ido haciendo maniobras hasta liberar a los conductores del obstáculo y seguir su camino hasta quien sabe donde. A eso se le llama tracción animal.