Viendo pisos

Ayer tuve un encontronazo con la diferencia cultural… llamémoslo una mutua incomprensión. Fui a ver un piso, lo cual puede convertirse en breve en mi actividad de ocio gratuita predilecta. Un chico, con buenas intenciones, de quien no revelaremos el nombre, me mostró el edificio de su familia. Tenía libre el 2º piso y no pedía demasiado, por lo que me animé a verlo sin dudar, aunque el lugar estaba en una calle llena de pedruscos, con poca pinta de ser lo que buscaba.

Entramos al piso, que para empezar, tenía una gran reja en el recibidor de manera que al cruzar el recibidor-distribuidor los vecinos de arriba y abajo te veían en calzoncillos!!! el chico me dijo que podían cubrir el de mi piso, pero claro el de arriba, estaba a disposición de aquellos inquilinos… mal comienzo.

El resto del habitaculo estaba formado por un baño indio de aspecto repugnante, una cocina minúscula y oscura, dos cuartos sin ventanas y… la suite nupcial con un balconcito. Según el propietario el balconcito daba a un jardín y lo abrió orgulloso de mostrarme las vistas. Cual fue mi sorpresa al descubrir que lo qu el consideraba un jardín “garden” era una cabaña de barro, un bufalo atado con un acuerda y una montaña de estiércol… creo que me cambió la cara… y él lo notó, porque luego me pegó la charla de que ese era un alojamiento first class y que no debía buscar más… y me dijo afligido que sentía que a mi no me había gustado.

Tal vez, simplemente, es una diferencia de criterios. Pero a mi no me pareció first class.