Room 33

Vivir en una habitación de hotel no es nada romántico. Cuesta crear un espacio propio en un lugar por el que sabes que pasó antes que tu y seguirá pasando después gente y más gente desconocida. Personas que haran cosas buenas, cosas malas, que miraran por la ventana con melancolía o dormirán a pierna suelta roncando y babeando sobre la almohada. Mucha gente ha pasado y seguirá pasando por esta habitación 33 con vistas al Castro Café, donde por la noche un par de mosquitos me revolotean por la oreja, donde el agua caliente solo está asegurada por un hervidor de agua que me he comprado para evitar las duchas gélidas de buena mañana. La habitación 33 es mi primera casa en Delhi, hasta que encuentre la definitiva y aquí un sofá con una pata medio rota acumula mi ropa medio usada, las toallas se secan colgadas de la puerta del armario y el cable de la televisión cuelga permanentemente a dos centímetros del suelo para que pueda conectar el ordenador a la corriente. Desde el balcón, como digo, se ve el césped delante del Castro Café y por las tardes se escuchan los cánticos de las mezquitas que rodean Jamia. A lo lejos, los cláxons resuenan sin parar hasta bien entrada la noche… Esta es mi habitación, la que echaré de menos cuando esté fuera, de la que quiero salir cuanto antes.

P.S. Ya tengo la llave. Me mudo este fin de semana!

 

room 33

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Un pensamiento en “Room 33

  1. Ja tens les claus! Gaudeix la pocilga, que com be dius, potser algun dia et sorprns a tu mateix anyorant-la, doncs a ella van lligats els teus primers dies de la nova aventura!

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