Eid Mubarak

La cabra, las cabras que me han venido acompañando en este mes y medio desde que llegué a Delhi no tuvieron tan buen final ayer como hubieran deseado. En Eid, los musulmanes celebran el cambiazo que Dios le permitió a Abraham cuando iba a sacrificar a su hijo en nombre del Altísimo. La verdad es que Dios le echó una buena mano a Isaac, porque le fue del canto de un duro de desaparecer de la faz de la tierra por el capricho de un Dios, que al menos en aquellos tiempos estaba un poco presente entre los hombres. Así pues, los musulmanes sacrifican una cabra y, suponemos, se la comen en sus casas. Este rito que levantó ciertas ampollas en España porque algunas familias lo hacían en casa, sigue siendo muy casero en la India y hay todo tipo de familias, aunque aumenta el número que deciden recurrir al tan honorable carnicero para que la sangre no corra por el mármol de sus nidos de amor familiar. Así que después de ver a la cabra alimentada encima de una moto, la cabra pasajera de un autorickshaw, la cabra jugando con los niños y viceversa, las cabras atadas a un lado de la carretera para ser vendidas al mejor postor, la cabra encabritada… pues cabe decir adios a la cabra.

Un hecho muy significativo de este día es que muchos musulmanes creían que nosotros, cristianos, suponiendo que yo pudiera ser calificado con tal adjetivo, también celebrábamos Eid. Muchos se sorprendieron al darse cuenta que no… porque al fin y al cabo soy la voz de la cultura española allí donde voy. Que yo sepa no se ha celebrado nunca Eid entre los cristianos ni católicos, ni ortodoxos, ni, por supuesto, protestantes. Aunque reconozco que tienen su parte de razón. Si nos reivindicamos, judíos, cristianos y musulmanes, religiones abrahámicas, no le hacemos un gran honor al olvidar el clímax de su historia bíblica. El hombre debió pasar unos nervios en el momento de la decisión… lo mato, no lo mato, lo mato, no lo mato… Porque al final no era una margarita la que decidía, sino que Dios mismo iba a pasarle cuentas. Pobre Abraham. Deberíamos reclamar la restauración de esta figura fundacional de la religión que, a trancas y barrancas, sigue siendo dominante en la Península Ibérica.

Total, otro punto interesante que cabe destacar es que casi todos los hindúes a quien felicité por Eid insistieron en decir que no es su fiesta. A mi me parecía lo más natural que puesto que alguien celebre, pues los demás nos desearamos feliz Eid, aunque no fueramos musulmanes. Pero parece que no todo el mundo comparte mi punto de vista. Tal vez no ayudó la derrota del BJP en Delhi, que cubría todas las portadas con la cara burlesca o ridícula de Sheila Dixit a todo color.

Me sorprendió ver a varias mujeres musulmanas con un velo de color violeta o rosáceo. O sea, lo mismo que a diario cubre en negro todo su cuerpo y solo deja ver una parte de los ojos, esta vez adoptaba un color más festivo. Puede ser el efecto de la fiesta o simplemente la casualidad que se cruzó conmigo cerca de Jamia Millia Islamia. También encontré a varios musulmanes con sus mujeres comprando móviles en la tienda de Tata, como si se estuvieran haciendo un regalo de Navidad. ¿Misterioso Eid? A parte de eso, algunas tracas se oyeron por aquí y por allá y me pregunto como mis estudiantes musulmanes pasaron el día.

Anuncios