Falsa despedida

Me voy de Delhi sin mucha melancolía. La ciudad está tomada por la niebla y la contaminación, por las noches refresca. Mi nuevo piso en Bhagwan Nagar está casi vacío y el edificio medio en construcción. Hoy, subido en un taxi privado de esos que hay desde hace poco más de un año, veía pasar la ciudad que quiere ser una World Class City. Desde luego, vista hace 6 años y vista ahora, Delhi ha cambiado una barbaridad. Es cierto que todavía se convierten dos carriles en tres o cuatro según la proximidad que decidan arriesgar los vehículos que pueblan las avenidas y carreteras de la ciudad. Delhi es un gran atasco, el mayor atasco nunca visto. No hay un solo rincón de la ciudad que se salve de los contundentes sonidos de los pitos de coches, autorickshaws y camiones. Sin embargo, los autobuses se llevan la palma. La contaminación que debía recortarse gracias a las medidas que obligaron a todo el transporte público a usar CNG, un gas menos contaminante que la gasolina, a menudo adulterada, llevaron a una mejora notable de los niveles de aire, que con la oleada de riqueza han sido vapuleados por el auge del coche privado. A muchos delhitas les va bien en la vida y se nota. Casas de fachadas ostentosas y guardias privados en la puerta nacen aquí y allí, la ciudad entera es un bosque en construcción. Invertir en ladrillo es la consigna, invertir en tierra es la alternativa. La elevada inflación no deja mucho hueco a los ahorradores que ven como el banco nunca les da suficiente para que su capital no pierda valor año tras año.

Pero volvamos a la ciudad. Aquí y allí se ven obras que uno no sabe si se estan llevando a cabo por los Juegos de la Commonwealth del 2010 o porque de verdad se ha decidido convertir esta ciudad en algo parecido a una World City. El metro se está construyendo a pasos agigantados, sobretodo si lo comparamos con la lentitud de la línea 9 de Barcelona. Pronto habrá un tren expreso al aeropuerto, que por cierto brilla con luz propia en el interior (luego salimos de las terminales y nos encontramos con la verdadera Delhi, la polvorienta, la ruidosa, la amable y la desagradable, todo en una). Un par de centros comerciales se jactan de vender las mejores marcas europeas y americanas, mientras diseminados por los principales mercados crecen como setas en otoño cafeterías de Barista, Café Coffee Day, Costa Café y cadenas de comida rápida americana o india a imitación de la americana. Las cosas pasan muy deprisa en esta Delhi, que en el día a día parece tomarse su tiempo. Si hace 4 años Nirula’s era la quintaesencia del fast food indio que triunfaba con sus helados, comida india y continental, ahora parece haber caído en una decadencia absoluta y sus locales están apenas ocupados. Nuevos negocios nacen y mueren cada día en la capital india con una velocidad propia de una ciudad floreciente. Con todo, por las calles siguen durmiendo cientos, miles, cientos de miles tal vez de mendigos, obreros, rickshawalas, conductores de autorickshaw, familias enteras… En la soledad y el falso silencio de las frías noches de invierno en Delhi, mucha gente se enrolla una manta y se tira sobre las aceras, las más altas del mundo según mi observación, experiencia y conocimiento. Las más polvorientas, tal vez. Mientras South Ex brilla, el nuevo Citywalk mall deslumbra, mientras se construyen parques de atracciones, se limpia la cara de los principales monumentos y se organiza el tráfico con enormes viaductos sobre la Ring Road, Delhi también toma en cuenta a sus desheredados. Este invierno habrá albergues para cientos de miles de personas por un precio minúsculo en diciembre y gratuitos en enero y febrero. No será suficiente para erradicar a la multitud que duerme en las calles, pero al menos alguien toma en cuenta que una ciudad global tiene que encontrar soluciones para todo tipo de problemas, no sólo para los que afectan a la clase media.

Me voy de Delhi sin melancolía. Voy a volver y, esta vez, voy a llegar a tiempo, preparado para lo que venga.

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3 pensamientos en “Falsa despedida

  1. Hola!
    Vuelves a casa por navidad como el turrón?
    Me suena que me dijiste que ibas a… Taiwan? Al final si?

    Te echo de menos, chiquillo, y las conversaciones sobre espejos hasta las mil en una moqueta delante de un ascensor.

    Un besillo!

  2. Tal vez las aceras sean aún mas altas en Chennai por las mayores lluvias (dos monzones) que padecen.

    Sdos,

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