Extrañas noches de invierno

Es jueves y me escapo a una fiesta de españoles expatriados en Greater Kailash I, bloque R. Me advierten que la casa está algo destartalada, pero que luego me va a sorprender por dentro. En efecto, es la última casa en un callejón que la oscuridad de la noche hivernal de Delhi hace parecer algo tétrico. Cuando entro a la casa, me encuentro con un grupo bastante numeroso de gente sentado en una especie de tenderete hecho de cañas alrededor de una tortilla de patatas. Andaluces sin fronteras o un programa parecido está rodando en Delhi y allí esta parte o la totalidad del equipo. También algun artista, algun desconectado de la realidad y alguien que, tal vez, no debería estar allí.

Yo he llegado de rebote, amigo de una amiga de la organizadora. Tampoco tengo mucho que decir, pero lo cierto es que está bien conocer a gente tan diversa. La fiesta pasa entre risas y anécdotas y cervezas y mojitos. Al final, una pretendida bailarina contemporánea india y otra chica, se ponen a jugar al tenis con un indio que parece francamente bebido, usando las sillas como red, mientras los demás nos vamos para dentro a terminar la conversación.

Un indio, presidente de la Asociación de Traductores (existe tal cosa?) demuestra que sus capacidades para traducir al español son escasa, mientras en el apogeo de su borrachera cuenta historias impropias de “maricones” en España y otras partes del mundo y se olvida de la gran lección de Dirty Dancing “Este es mi espacio, este es tu espacio”. Al final vuelvo a recordar que cada vez que salgo con Silvia vuelvo a casa con demasiadas anécdotas.

 

Ahi estamos