Demos la razón a Montaigne

A menudo cuando alguien hacía obras en su casa, yo, muy oportuno, sacaba a colación la referencia pedante a Montaigne y su ensayo donde renunciaba a hacer reformas en su casa para evitar las molestias. En realidad, yo nunca he leído ese artículo de sus obras, ni tan siquiera sé si existe. La referencia la saqué de una clase de lengua española de Domingo Ródenas, donde él comentó que Montaigne vivía en un castillo o algo así allí en Francia y tenía una torre con su biblioteca y pensó en hacer un balcón para ver sus dominios entre lectura y lectura, y luego decidió que era demasiado trajín. De donde sacó el profesor Ródenas la referencia, es algo que todavía no he conseguido averiguar. Pero el caso es que yo le he dado valor de dogma de fe y la he incorporado a mi universo de pedanterías que uno debe decir.

Pues ahora, tras la experiencia, lo haya dicho o no Montaigne, puedo afirmar que las obras son un engorro. Me explico. He alquilado una casa bastante vieja en Delhi, en un buen barrio… ¿Otra casa? Sí, otra casa. Está en South Ex un barrio que es posh de por si, aunque si vieráis la casa, se os caería el alma a los pies. Como la renta es muy barata y aquí las reparaciones también he pensado que será un buen recurso en caso de que me confirmen el trabajo de guia en verano, para tener un hogar sencillo, en lugar de irme siempre a un hotel. Tengo que reconocer que la casa es pobre, pero pensé que después de una mano de pintura y cambiar grifos y enchufes, daría al pego. Ayer vinieron los pintores y dejaron la cocina y el baño blanco impoluto. El fontanero vino a cambiar los grifos DE PLÁSTICO, por grifos de metal. Lo hizo en un plis plas, aunque me sentí timado porque me pedía más de lo que pensaba. Pero bueno, se lo di y en paz.

Antes de irse, observé que había un poco de agua goteando, pero él insistió que era normal. Dejó de ser normal cuando después de dos horas seguía goteando y le volví a buscar. El tipo me dijo que ya venía y no apareció en las siguientes dos horas. Le volví a buscar, bastante mosca (aparentandolo) y lo traje conmigo diciendole que yo le había dado lo que me pidió y que si había roto mi tubería ahroa la arreglaba él. Luego me aflojé y le pagué los materiales, y al final me derretí y le di algo de pelas, porque le llevó un curro considerable y la casa no está como para echarle la culpa a nadie por su estado.

Hay dos cosas de la historia que son impagables. La primera es que el hombre, tras ver que yo no entendía el hindi fluidamente, optó por no abrir la boca en todo el tiempo y expresarse por señas, lo cual hacía la comunicación muy dificultosa. De tanto en tanto lo arranqué alguna palabra en hindi que daba sentido a sus subidas y bajadas de clavícula, a sus movimientos de mano y demás gestos extraños. Lo segundo es que destruyó un paño de pared, de la blanca, que acababan de pintar por la mañana, el otro paño de pared quedó todo empapado y está por ver como quedará al final y el suelo lleno de cemento y barro… Y en un detalle de lo más dulce me trajo un saquito de polvo para mezclar con agua y hacer pintura blanca, por si me decidía a repintarlo…

P.S. La otra minucia del día fue encontrarme a un vendedor de calcetines en medio de la Ring Road, entre los pitos, el humo y otros pitos distintos a los anteriores, poniendo cuidadosamente los pares sobre un plástico, con un cariño digno de unos cristales de Swarowski, en un ambiente digno de un slum. Y me sacó una sonrisa.

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Un pensamiento en “Demos la razón a Montaigne

  1. que gracia, buscando libros de Domingo Ródenas he visto tu comentario.
    Yo lo tengo ahora en clase, y quizás dijo… A Montaigne le hubiese gustado hacerse un balconcito pero decidiria no hacérselo por el engorro que causaban las obras. Por que en aquel tiempo no existían los balcones. Un saludo muy cordial.

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