Si Florence levantara la cabeza…

10 de febrero, Journée France en el centro. Que nadie me pregunte porqué pero estuve colaborando en su preparación, con una visibilidad nula el día de la ejecución, pero bueno… A mediodía me presenté a la comilona con mi portátil, por si lo necesitaban para las charlas de la tarde. Al final todo fue un poco desastre, porque había tantísimos alumnos que decidí volverme a la cantina y comer cualquier cosa menos comida francesa (de hecho, el catering no era comida francesa tampoco). Pero en el breve intervalo en que me pasé por el centro conocí a una mujer digna de ser presentada a la mismísima Florence, una pirada que conocimos en Benarés en 2006, que se había tomado demasiadas drogas en su vida, se había convertido al islam, se había marchado a vivir a Turquía en una antigua casa griega ortodoxa y llevaba invariablemente una camiseta de Cacharel rosa desteñida con agujeros por doquier. Pues esta nueva Florence urbanita también era francesa y me entró como todos los franceses hacen, preguntando si era alemán y cuando descubrió que hablaba español me avasalló con su español afrancesado, porque según ella tenía antepasados españoles (no vaya a ser que fuera hija de exiliados de la Guerra Civil). Así que siguió sin presentarse siquiera preguntándome de donde era, y al saber que era de Barcelona, se saltó la distancia reglamentaria de educación y respeto y a un palmo o  menos de mi cara empezó a ametrallarme con preguntas sobre el mercado inmobiliario en la ciudad y mis expertos consejos sobre si los precios de la vivienda seguirían bajando, si debía esperarse para comprar un gran piso, porque ella no quería nada pequeño, uno grande para compartirlo… y, bueno, le contesté lo mejor que pude, un poco inseguro por la situación de este es mi espacio y este es tu espacio adulterada por la señora francesa que debía rozar los 50. Y en cuento consiguió la información, se giró y se fue sin despedirse… Raro, raro, raro…

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