De la saudade al buenrollismo

Siendo Portugal un país conocido por el fado, la tristeza y melancolía de sus gentes, me sorprende que sus excolonias sean los paraisos del buenrollismo desde Palolem a Salvador de Bahía, pasando por Cabo Verde y Moçambique. Nunca he estado en Brasil, pero me imagino que la mezcla de fisonomías que se da en Goa, con algunos tintes europeos en cuerpos básicamente locales, el afan por cuidarse, la simpatía y tranquilidad de la gente, las faldas y blusas estampadas y las pequeñas iglesias bajo cocoteros, es una repoducción asiática de lo que ocurre en el gigange americano. De hecho, escaparse de Delhi a Goa es huir del bullicio, la polución y el trasiego a un paraiso de hamacas bajo palmeras, de cabañas-resort frente a un mar que se mece incesante y una oferta de comida local con lo esencial de la dieta continental: leasé cerveza a tutiplen. ¿Qué hicieron los portugueses en Goa para convertirla en otro Brasil? Este es un tema digno de estudio que todavía no ha sido abordado por la academia en lugar alguno.