Inesperado brainstroming

La cena en Pangim se convirtió en algo así como un acto social inesperado. En el previo, conocimos a unas chicas argentina y francesa que hablaban español y vivían en Islamabad. Conocer a alguien que se aventura a vivir en Pakistán, ya sea para trabajar con refugiados como la francesa o para enseñar español como la argentina, me parece una suerte que sólo puede sucederte viajando por la India. La naturalidad con que las chicas hablaban de los peligros y trifulcas de la vida en Pakistán y su insistencia en animarnos a visitar el país me asombraron, más cuando afirmaron que la India estaba más desarrollada…

 

Después apareció en la terraza del Panjim Inn, de entre la oscuridad de la calle sin electricidad desde hacía una hora, el corresponsal de La Vanguardia con una belleza kannada, Sonal. Y se unió a nosotros el director de la Fundaçao Oriente en Goa, un organismo encargado de velar por los estudios del mundo lusófono que tiene una de sus sedes en la India. El personaje, llamado Paulo, era un personaje. Hacía tiempo que no conocía a alguien con unas opiniones tan controvertidas que lanzara afirmación tácitas con la violencia de una ballesta contra diestro y siniestro. Primero sufrió Delhi, una ciudad que por ser mía merece todo tipo de comentarios Qormi parte, pero cuya crítica despierta en mi una feroz reacción pseudonacionalista. A menudo uno se encuentra con gente que suelta opiniones de Delhi con una facilidad pasmosa y que no han vivido en la gran urbe nunca jamás. En efecto, Paulo nunca había vivido allí, aunque reconozco que sobre algunos asuntos tenía bastante razón y, por ello, callé y escuché. Nunca se sabe de quien se pueden aprender nuevas aproximaciones a tu realidad. Según él Delhi era una ciudad única, sin centro, donde uno podía conducir kilómetros sin ver una casa. De hecho, el policentrismo es algo muy característico de Delhi, aunque creo que el metro va a terminar por imponer CP como la yema del huevo. Luego se metió con los británicos, con la literatura inglesa, con el servicio del restaurante, con la calidad del vino, con la falta de ganas de trabajar de los goanos, con la monarquía británica, con el Dr. Salazar, con Arundhati Roy y probablemente con algunas cosas más que ahora no recuerdo. Todo ello con una saña, que si no fuera por su amplio conocimiento de muchos temas, hubiera provocado el odio extremo de los contertulios. De hecho, cada vez que alguien matizaba una de sus opiniones, lejos de ponerse a la defensiva, corregía su postura con una elegancia seductora. Paulo me recordó en una versión más agria al profesor Miquel Maria Gibert de la UPF, para los que tengan el referente. La complicidad establecida con Sonal edulcoró un poco las tensas conversaciones intelectuales o pseudointelectuales de la mesa.

 

La noche terminó en un bar de moda de Panjim sorbiendo un gin tonic, demasiado tarde para ser contado en una ciudad totalmente adormecida.

 

P.S. El restaurante Viva Panjim en Fontainhas es totalmente recomendable.