Manos arriba

Hacía días que no me encontraba con minucias en Delhi. De hecho, hacía días que prestaba sólo una mirada aburrida a la ciudad. Ayer por la mañana, en cambio, tras la breve tormenta que sorprendió a la ciudad de buena mañana, déjando la típica pátina de barro por las callejuelas y un ambiente algo extraño entre los viandantes, pasó una cosa.

Iba camino a la universidad y un par de hombres subidos en una moto pasaron cerca de mi. El conductor tenía puestos sus ojos en el asfalto mientras que el pasajero cargaba con un gran cristal de casi dos metros de alto puesto sobre el sillín, entre uno y otro. Para sosternerlo mantenía los brazos en alto, evitando que los continuos baches de la avenida lo dañaran. A medida que se alejaba, entre el tráfico y el intenso azul de la mañana, límpia de polución tras la lluvia, los bordes de la estructura transparente se fueron desvaneciendo y, al poco, un hombre sentado en la parte trasera de una vieja Honda mantenía los manos en alto sin ningún motivo aparente.

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