Propaganda de otros tiempos

Esta mañana me he levantado como de costumbre y después de la ducha de rigor, me he dirigo al Barista. Cada mañana leo el periódico, el Hindustan Times, mientras tomo un capuccino y un bocadillo. Pero esta mañana no han salido las cosas todo lo bien que esperaba. La máquina de café no funcionaba y se les había ido la mano con el aire acondicionado. Así que frente a mi bocadillo de pollo al limón, he abierto las primeras páginas del periódico cuando de repente un suplemento se ha deslizado del montón. Es normal que el HT traiga varios suplementos, uno dedicado a Delhi, otro al Sur de Delhi, otro a temas immobiliarios y uno a economía, en el mismo número. Lo extraño de este suplemento era su título

CHINA’S TIBET: THE PAST AND THE PRESENT

Luego ha empezado el diabólico juego de cifras y de fotografías que comparan la Lhasa de hoy en día con la de hace 50 años. Algunas de las fotografías parecen francamente retocadas con ordenador, porque hacen parecer a Lhasa algo así como un Nueva York de los Himalayas. Con todo, lo más aberrante es que los destinatarios de este basura propagandística demagógica, donde los niños tibetanos parecen más felices, las mujeres tibetanas más bellas y los hombres más humanos, no son los tibetanos, sino los indios. Es una maniobra de la propaganda política china para que la India tenga una mejor imagen de su llamada “invasión pacífica del Tibet” y dejen de dar soporte a unos tibetanos en el exilio que de por sí no viven en las mejores condiciones imaginables. La China civilizadora, como antaño hicieron otras potencias coloniales, se desemascara a si misma con estas triquiñuelas.

Esperemos que los indios, grandes luchadores antiimperialistas, no se dejen seducir por la ensoñación de las imagenes y se den cuenta que los miles de tibetanos que viven sobre su tierra, como apatridas, necesitan de alguien más que de un par de Richard Geres para que su existencia tenga la dignidad que un día los invasores les quitaron.