Placeres veraniegos

A mediodía superamos los 40ºC y la piel se abrasa cuando te apartas de la sombra. Una media de 4 litros de agua son bebidos sin ser evacuados más que por un incipiente sudor que no llega a chorrear, ya que el calor lo seca al instante. Cuando hay viento, es un aire tórrido que te resseca la piel y te quema los ojos, que a veces sueltan unas lágrimas de compasión. Evidentemente, uno se acostumbra a estas condiciones del verano delhita, hasta el punto que simplemente la queja sirve para ahuyentar la sensación de estar pereciendo ante esta orgía climatológica.

Por otro lado, llega la noche y uno ha tenido que visitar por azar algun lugar en el centro de Delhi. De vuelta a casa, a las 11, un autorickshaw te espera a la puerta de un buen restaurante de CP, donde has entrado con una amiga puesto que en el acto al que asistíais no os han dado nada de comer (algo impensable en la India). Después de una breve discusión, pues la gente está un poco aletargada por el calor y se crispa menos, conseguís un conductor a buen precio y te subes al pequeño vehiculo. El auto surca las grandes avenidas de Nueva Delhi bamboleante, la brisa suave ya no es tán cálida y te refresca, mientras la ciudad sumida en la oscuridad se desliza a lado y lado con una velocidad inusitada en el tráfico de la ciudad. Un instante de placer te estremece y, por un momento, piensas que querrías seguir montado en el auto toda la eternidad: con ese aire, con esas vistas, con esa compañía.

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