Sed

Supongo que si hablo de la sed, muchos pensarán que saben lo que supone experimentarla. Practicas tal y cual deporte y después de una buena sudada, sientes que necesitas beberte toda el agua que sale por el grifo del vestuario o terminarte la garrafa de agua que hay al lado del banquillo. La sed urbana, la sed de Delhi, es algo más malévola.

Anoche me volví de la cena en el CC de NFC hacia las diez, para descubrir con horror que solo me quedaba media botella de agua en la habitación. Las tiendas ya habían cerrado y confié en una larga noche de sueño que me permitiera sobrevivir a la escasez. A las dos me he levantado empapado en sudor, las sabanas casi chorreando, y acribillado por los mosquitos. He corrido hacia la botella que ya no tenía apenas nada, así que mi sed no se ha saciado. He salido a buscar un purificador de agua en algún lugar cercano de la guest house. Todo el mundo dormía y el agua del grifo, evidentemente, no se podía usar sin previo filtro. Sin purificador estaba condenado a pasar la noche a secas. Las alternativas pasaban por levantarme, ducharme y salir a la calle a uno de los dos lugares que conozco que abren 24 horas, ambos a más de media hora en autorickshaw de mi casa. Sin embargo, encontrar un vehículo a estas horas se presentaba algo difícil. En un arrebato de necesidad me he metido en el cuarto de baño. La tortura del agua del baño cayendo en el cubo, te hacía desear amorrarte al grifo. La boca seca, los labios agrietados… Sé que suena peliculero, pero así es el ataque de la sed. Sólo lo he experimentado otra vez, hace 3 años, y en ese momento claudiqué al grifo, aún con la posibilidad de caer enfermo al día siguiente. Afortunadamente no pasó.

Tras el baño he intentado dormirme y lo he conseguido después de una hora. De buena mañana, los labios seguían agrietados y la boca seca, pero la expectativa de una botella de agua a la salida de la residencia, han hecho la mañana más llevadera.

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