En la escuela de Laporiya

En la escuela de Laporiya no reciben demasiadas visitas. Entramos por las puertas y los pocos estudiantes que quedaban sentados sobre la arena miraban tímidos. Al sentarnos con ellos, algunos dejaron un círculo prudencial vacío a nuestro alrededor, así que pareció mejor a todos sentarnos frente a frente. Entonces un niño salió a cantar y otro a bailar, mientras los otros seguían observando a los adultos invitados al centro. Sólo una canción y un baile consiguieron romper el hielo con el grupo de chicos: el Boggie Boggie. Una vez mezclados, transpasada la barrera física, empezó la diversión. Participamos de un juego popular de Rajasthan y explicamos, con algunas dificultades de traducción el “Un-dos-tres-pica-paret”. El éxito entre los chicos fue abrumador y los que se unieron al juego lo pasaron en grande. Tanto, que al final perdieron un poco el control y para algunos fue algo abrumador tener que escapar del centro medio a empujones.

Lo más curioso, sin embargo, no fue la buena acogida en el centro y la energía de los niños, sinó la expectación que levantamos entre los niños de uniforme, los de la escuela del gobierno, por un día envidiosos de sus humildes vecinos de la escuela levantada por la ONG. También nos sorprendió la atención que captamos entre los hombres del pueblo, que normalmente han adoptado una actitud de indiferencia o distancia en nuestras visitas, y en Laporiya se pusieron a ver nuestros juegos como quien observa un partido de críquet.

 

en al escuela de laporiya

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