Monzón

La lluvia llega con aviso. Un viento cada vez más fuerte trae nubarrones, siempre por la tarde. Las gotas caen primero pidiendo permiso, luego a borbotones. Mientras, los niños salen a chapotear con los charcos a los que se lanzan o incluso se revuelcan. La mayoría miramos desde ventanas, puertas o balcones con una mezcla de alegría, expectación y estupefacción, como si fuera algo nuevo, como si no hubieramos visto nunca un monzón. Algunos simplemente se sientan al borde del abismo y se dejan calar.

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