Cuando la teletienda se subió al bus

Me entristece ver que cada vez son menos las oportunidades de entretenimiento que tenemos los pasajeros habituales del autobús de Delhi. Años ha, era muy común que en los semáforos más largos o en los atascos más habituales, varios vendedores ambulantes se subieran a los vehículos abarrotados y vendieras sus mercancías con mayor o menos gracia a los pasajeros apretujados. Los productos más populares eran los mapas de Delhi y los bolígrafos que se podían incluso probar en un papelito. Con todo, se podía adquirir el periódico, un coco, frutos secos, agua y muchos otros productos para hacer más llevadero el viaje o simplemente la vida entera.

Recuerdo con mucho cariño dos escenas de esta teletienda ambulante que me dejaron asombrado. El primero fue una especie de pastilla de jabón que se ponía en agua y se convertía en una toalla. Comentando con algunas personas, parece que no es una gran invención india, sino que existe en otros lugares. Tampoco comprendí mucho la argumentación del vendedor, por mi pobre comprensión del hindi, pero me pareció que ponía mucha pasión en promover la adquisición de tal producto, particularmente útil bajo el calor sofocante de Delhi. El otro, mucho más impresionante era el miniexprimidor portátil de naranjas. Este invento era una especie de cuña que se clavaba en la parte del culo de la naranja a la que se le infrigían unos cuantos golpes para estrujarla con la cuña boca arriba. Cuando se giraba la fruta por el tubito salía el jugo de la naranja. El vendedor se echaba tanta maña que al abrir la naranja no había quedado apenas pulpa y tenía medio vaso de zumo de naranja que un pasajero asombrado se bebió con una evidente cara de satisfacción. Pero, como muchos de sus compañeros de profesión, ya sea en los autobuses de Delhi on la televisión de Estados Unidos, tenía una última sorpresa. Retaba a otro pasajero a hacer lo mismo con los limoncitos que se toman aquí. Evidentemente la cuña era demasiado grande y era imposible clavarla en la fruta. Entonces anunciaba triumfal que con la adquisición del exprimidor portátil de naranjas, nos regalaban el miniexprimidor portátil de limones que era una cuña minúscula que hacía exactamente la misma función. El pasaje estupefacto y casi hipnotizado compró sin rechistar el paquete promocional por un precio miserable de 20 o 30 rupias, creo recordar. Lo malo es que no fui suficientemente hábil como para adquirirlo para goce de mis futuras generaciones.

Pues bien, estos espectáculos que uno debe imaginarse sobre un autobús avanzando a toda velocidad por la ciudad, serpenteando obstáculos, o parado en un gran atasco, con miles de cláxones sonando a la vez, mientras la temperatura sube sin cesar y los goterones de sudor resbalan por la espalda, este espectáculo increible, se está perdiendo. Cada vez hay menos zonas donde uno pueda asistir a una buena función de un buen vendedor ambulante y sólo en la zona de Old Delhi entre Delhi Gate y Kashmiri Gate y en algunos autobuses que van hacia el este he vuelto a ver escenas similares. Tal vez haya autobuses más modernos, pero se están perdiendo las esencias, las tradiciones. Estas pequeñas obras de arte de la retórica también merecen protección como patrimonio histórico.

exprimidor

P.S. He vuelto a encontrar al hombre del exprimidor… el artilugio ya es mío!