Spicejet te lleva a Gurgaon

En un afán por mejorar mis conocimientos de la India me he aventurado esta mañana en un vuelo de Spicejet destino Srinagar. Madrugar para estar en el aeropuerto a las 6 no es el sueño de ningún mortal, a no ser que a cambio te prometan visitar el paraíso que los emperadores mogoles vieron en el valle del Kashmir. Un Spicejet via Jammu debería haber aterrizado en Srinagar a las 11. Desde el cielo el valle se veía imponente; el lago y la ciudad que lo rodeaba envueltos en verde, con un cielo cubierto de nubes espesas como de algodón. Espesas debían serlo porque la visibilidad del aeropuerto no llegaba a las 2.5 km necesarios para aterrizar y después de tres intentos nos han devuelto a Delhi con la promesa de recargar el depósito y volver a Srinagar. Todo una farsa. Ni la predicción del piloto ni la posterior opción de un vuelo por la tarde se han cumplido y nos han dejado en tierra con algunos pasajeros amotinados en el avión (que debía ir a Mumbai-Chennai, razón por la cual nos querían fuera del aparato rapidito). Nada que alabar de la gestión de Spicejet cuyos segundo avión del día sí que ha aterrizado en Srinagar, al igual que los de otras compañías. Nosotros, pobres usuarios del vuelo de las 8.50, nos tenemos que conformar con un miserable hotel de segunda en Gurgaon, en medio de la nada. Ni tan sólo han sido capaces de darnos un buen alojamiento, sino un hotelillo de tres estrellas que ha resultado estar lleno y que nos ha desviado a uno de tres estrellas (de plástico).

Con todo, uno no se acuesta sin verle la parte positiva a la jornada. Somos afortunados de estar en Gurgaon, este gran centro turístico del país. Y, sin duda, lo mejor, sabemos que los anacardos de Spicejet no están en salas polvorientas antes del empaquetado, sino en almacenes esterilizados. ¡Qué descanso!

anacardos higiénicos