Hasta pronto

Nada más llegar escribí este párrafo que, creí, ilustraba mis sentimientos. “Cae la noche en Delhi. Cuando la tarde pierde su nombre, el sol aterriza tras los árboles que circundan mi residencia con un rojo eléctrico, difícil de ver en Europa. El cielo se pone del tono de la vergüenza. A medida que desciende, el círculo solar se enturbia por los humos y la contaminación, mientras revolotean pajarracos sobre jóvenes desenfadados, tirados por el césped de la universidad. Es el momento en que Jamia parece más tranquila. Las bocinas se oyen a lo lejos, apaciguadas por el súbito silencio que precede a la inauguración oficial de la noche. Todas las mezquitas de Okhla deciden llamar a la oración. Escasamente coordinadas, primero unas y luego otras, rompen el silencio al grito de Allah es grande “Allah ho Akbar” y el cielo pierde sus tonos cálidos, se vuelve gris y llega la noche. El almuédano canta un poco más. ¿Quién sabe cuantos fieles ocuparan el espacio para la plegaria en este atardecer? Lo que es seguro es que estoy en Delhi y que este momento, que siempre me ha parecido tremendamente sublime, me convence de que este es el lugar donde debo estar.” Ha llegado el final y me voy. Dejo la ciudad sin comprender las reglas del críquet, sin sentir la emoción de un interminable partido cuando Sachin Tendulkar batea y marca una nueva carrera para su equipo. Progreso adecuadamente con mi hindi, que, sin embargo, sigue pareciendo más de Teach Yourself que de experto regateador en el bazar. Me sigue doliendo ver algunas escenas callejeras, algunos esperpentos inexplicables de la condición humana, aunque la mayoría de veces simplemente las ignoro o incluso repito comportamientos observados y me aparto cuando me toca un mendigo. Me odio, pero me entiendo en estos momentos. He aprendido a saborear la brisa en las noches templadas, de vuelta de esta o esa discoteca, después de bailar desenfrenadamente las mismas canciones de la radio, las mismas de las películas, las mismas de las bodas, tan mías ya que no entiendo la vida sin los ritmos del dhol o la tabla. Me deleito con los sabores de la cocina india, a pesar de no entender a qué sabe el chile para que lo usen tanto y aunque siga sin poder llamar ensalada a esa cebolla morada con salsa verde que te traen al empezar una comida. Intenté leer, pero me costó encontrar tiempo. Intenté investigar para la tesis, pero los papeles se quedaron en carpetas escondidas en estantes polvorientos. He puesto voluntad y he conseguido cosas, pequeñas, insignificantes; a veces, heroicas. Me he sentido feliz por terminar con éxito un día más tantas veces como frustrado por no haber logrado lo que me proponía. He experimentado los altos y los bajos de la vida diaria con una intensidad y una brutalidad inimaginadas, en la ciudad que quería, en la ciudad de mis sueños, entre memorias de tiempos pasados donde soñar con vidas mejores.

Me voy, pero volveré.

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2 pensamientos en “Hasta pronto

  1. Ja saps que t’entenc perfectament! Delhi és el teu lloc per seguir estant lost in transition! En un parell de mesos… Más y mejor! Fins aleshores, gaudeix de BCN! Conmigo! Allá voy!

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