¿Incomparables?

Me cruzo con este artículo India y China, Incomparables  del corresponsal de la Vanguardia en Delhi. Él anuncia la incomparabilidad, pero en el fulgor de su ejercicio periodístico los compara. ¿Cuántos no vivimos en Delhi y alucinamos literalmente al aterrizar en Bangkok, Taipei, Singapur o Shanghai? Al salir de la India, el mundo parece un poco más maravilloso y el orden oriental una bendición de dios. Evidentemente, no hay mentiras en sus líneas, sinó tal vez algo de demagogia (tal vez los pasajeros indios de una aerolinea son la pesadilla de las azafatas, pero nunca llegarían a las manos; todo es dialéctica… ¿qué me dice de los han?). La India no se puso la etiqueta de potencia del siglo XXI, tal vez la aceptó con excesivo celo. Hay cosas en el artículo inadmisibles, como ese gran colofón final que apunta a que los indios olvidaron los textos budistas porque en esencia son un desastre, mientras que los chinos supieron sacarle todo el jugo. Disculpe, pero es que en la India había muchos otros textos y por A o por Z terminaron por tener más éxitos otros (recordemos que el budismo fue religión de estado en el Imperio de Ashoka y durante muchos siglos en el subcontinente). Comparar ambos países es cruel y sádico, sobretodo cuando no estás dispuesto a leer nada en positivo para la India. Y, si al final todo se reducía a comparar los modelos chino e indio, pienso que para los países en vías de desarrollo, la India seguirá siendo un mejor ejemplo a seguir. La India vive los problemas de las economías pobres de Asia y África, todas las descritas en este artículo: malnutrición, suciedad, caos, corrupción, chabolismo… Si la India triumfa, será un espejo para los más pobres de los pobres. China es una excepción, una gran excepción. No hay país que pueda fundamentar su modernidad sobre el peso de una tradición milenaria, del comunismo confucianizado o como se le quiera llamar, como lo ha podido hacer China. Pero es que hay detalles terribles sobre la tercera economía del mundo que se pasan de rositas en el artículo de J.J. Baños. Olvida, a mi entender, la sibilina actitud de China, que en el fondo es uno de los grandes actores para mal de la política internacional, mientras que pasa inadvertidos los principios indios, que siempre se han fundamentado en un mundo más justo e igualitario. Del dicho al hecho, hay un trecho. Cierto. Tan cierto como que seguimos caminando.

Anuncios