Erotismo velado

En Kargil, presencié una de esas escenas que jalean la sonrisa. Unas chicas con un hijab cubriéndoles la cabeza paseaban tranquilamente por la carretera que sale del pueblo. Al mismo tiempo, dos extranjeros avanzaban a su encuentro bordeando un camión cuyo motor estaba encendido. Cuando las chicas llegaron a la altura de la cabina, el conductor las miró y le hizo un gesto al compañero. Ambos se lanzaron sobre las ventanillas y dieron gas para que saliera por el tubo de escape lateral un humo negruzco que dio de pleno en las dos pobres muchachas. Seguro que en América, con un buen vestido de vuelo, la escena hubiera tenido tintes eróticos… pero en Kargil, en mitad del Himalaya, dejó un regusto a amargura, teñido, tal vez, de la ingenua compasión de un extranjero ante una musulmana cubierta.

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