Gunpowder

22, Hauz Khas Village · Hauz Khas, Delhi · 011265357900 · www.gunpowder.co.in

Callejear un poco por Hauz Khas Village puede deparar sorpresas muy agradables. Lo cierto es que no llegué a Gunpowder a ciegas, sino que seguía las recomendaciones de varias personas muy entendidas en el negocio de la gastronomía. A pesar de que me habían confiado lo difícil de llegar al local, no hay ni punto de comparación con encontrar un puesto callejero en Old Delhi, simplemente hay que girar a la dereche en la primera calle después del aparcamiento y seguir los caprichosos devaneos del callejón hasta topar con el cartel del Gunpowder que se mete por una callecita. Después de subir todos los pisos imaginables, una terraza con vistas al lago y un pequeño comedor. Desde luego, un lugar encantador, aunque los  muebles no inviten a imaginarse el festín de los sentidos que nos espera. A mediodía parece que suele haber más mesas, pero por la noche la reserva es casi obligatoria, a no ser que estemos de suerte (mi caso) y se marche una mesa justo al entrar en la terraza.

Cocina keralí y kannada, o al menos eso parece. El sur más allá de la dosa (que también está en la carta) y los típicos nombres de la comida tamil. El menú de Gunpowder cambia mensualmente, aunque tiene platos estrella que se mantienen. Espero por el bien de los consumidores que el curry de kingfisher esté cuando vayan, porque era verdaderamente delicioso, con el punto justo de especias. La calabaza agridulce también podría llevarse una mención, aunque su apariencia de puré para niño no me invitó a darle la bienvenida como se merecía. Desde el nimbu paani, al punto de azúcar, hasta el postre, unos albaricoques confitados con crema por encima, todo tenía equilibrio, era justo y comedido. Y aunque me habían avisado de lo extremadamente picante de algunos platos, lo cierto es que acertamos en la selección (excepto con el chutney de mango verde que picaba de mil diablos).

A destacar, en negativo, que el servicio habla un inglés tan roto que podría no acabar estableciendo comunicación alguna con el cliente, a pesar de sus buenas intenciones y su sonrisa inocente.

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