Cuando los VVIP mordieron el polvo

Fui afortunado. Logré una invitación VVIP con el contingente diplomático de los países que NO pertenecen a la Commonwealth para presenciar la ceremonia de apertura de los Juegos de la Commonwealth, Delhi 2010. Fui afortunado, o esa creía.

Llegamos a un aparcamiento en Chanakyapuri donde los embajadores dejaron sus coches y se montaron en autobuses para acceder al estadio Nehru, en Defence Colony. Parecía todo planeado y que al final el Comité Organizador se había puesto las pilas. Un pequeño cambio de última hora, el autobús no nos llevaría a South Block, sino de vuelta a Chanakyapuri. Minucias.

El camino al estadio fue como una seda. A la llegada, primer tropiezo. El encargado de protocolo hizo caminar a la comitiva diplomática 20 minutos hasta la puerta correcta (todo el mundo vestido de gala, más o menos, y las señoras con sus tacones de aguja). La cosa se puso fea cuando el camino dejó el adoquín por la arenilla y el firme irregular, con algun que otro atisbo de cloaca abierta. Continuaron los férreos VVIP hasta un pequeño descampado emparedados entre la valla del estadio y la larga cola de asistentes que eras solo P. Allí estuvieron el emabajador de Cuba, Ecuador, Nepal, Tadjikistán, Venezuela y el nuncio del Papa entre otros durante cuarenta minutos. El enfado en la comitiva diplomática crecía a medida que el encargado de protocolo se deshidrataba por todos los poros de su cuerpo. En algun momento, alguien, ya no se sabe si el encargado de protocolo, de nombre Mr. Kumar, decidió llevar a los VVIP por un caminucho lleno de basura y herrumbre (literalmente). El intento de colar a los VVIP encabritó los ánimos de los P que se avalanzaron contra la diplomática comitiva en tacones, aventurada entre terraplenes, casuchas de hojalata y clavos amenazantes de tétanos hasta un punto muerto. No había marcha adelante, no había marcha atrás y el encargado de protocolo se había esfumado.

A partir de ahí el bloque diplomático se dividió entre los indignados, los intrépidos y los perplejos. Entre fotos, discusiones y llamadas al Minister of External Affairs, hubo escapadas masivas para entrar junto a la multitud. ¡Eso sí que es celo por ver los juegos de la Commonwealth! Presenciamos la caída de una mujer con sari entre la escoria del lugar y la pelea de unos punjabis que agredieron a un policía. Algunos embajadores empezaron a darse cuenta que su seguridad corría peligro y que a nadie, sobretodo a la policía india, le importaba el cargo que ostentaban. Me escapé con un grupito de latinoamericanos. Conseguimos pasar por el cordón policial, no sin tener una metralladora a la altura del pecho, peleamos en la cola con la multitud amenazante de convertirse en avalancha y llegamos por nuestro propio pie a un asiento cualquiera del estadio. Las entradas VVIP se supone que solo te aseguraban el trato excelente a la entrada, luego fuimos agasajados con una reseca samosa y unas botellas de agua. Sólo a partir de las 7 se sirvieron CocaColas. Y pensar que algunos de nuestros vecinos de asiento pagaron 50.000 rupias.

El espectáculo fue lo de menos. Ni fuegos artificiales, ni bailes folclóricos, ni niños escolares haciendo cabriolas. Los VVIP de verdad pudimos observar como una embajatriz, probablemente de Noruega, ponía sus zapatos Louis Vuitton en la inmundicie de un slum: bolsas de plástico rasgadas, botellas de whisky barato vacías, alambres robinados y algo de olor a orín. Y eso, señoras y señores, no tiene precio.

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2 pensamientos en “Cuando los VVIP mordieron el polvo

  1. Así es la India! En un momento estás en la gloria, y al instante siguiente en el infierno!! Habría sido un filón para Decathlon patrocinar el autobús de los diplomáticos regalando unas botas de montaña al bajar!

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