Pérdida y recuperación de maleta

Cuando leí el cuento de Cortázar “Pérdida y recuperación de pelo” nunca imaginé que las cotas de surrealismo de su búsqueda podrían alcanzar al que ahora escribe. Desde luego, perder una maleta en los días que corren es un acontecimiento usual que muchos podremos haber compartido. Sin embargo, ahí va mi historia.

Como de costumbre Barcelona – ciudad – Delhi. Esta vez elijo Viena porque Austrian Airlines, además de unas tarifas interesantes, me permite pasar una noche en Viena y visitar a una vieja amiga. No soy muy dado a volar con líneas germanófonas porque me confunden enseguida con un alemán e inexplicablemente eso me molesta. No es que yo tenga nada contra los alemanes, sinó más bien que me resulta imposible verbalizar en inglés, I don’t understand German, en la cabina de un avión, donde me pongo extrañamente tenso. En el aeropuerto de El Prat me atiende un chico de empresa subcontratada que pone una etiqueta a mi equipaje con destino Ljubljana, Eslovenia. Lo detecto un poco tarde, pero vuelvo al mostrador y le ruego que cambie la etiqueta. El me dice que probablemente habrá puesto la etiqueta correcta en mi maleta y errónea en mi tarjeta de embarque (sí, claro). Le pido que lo confirme y me dice que se hará cargo personalmente. Atención porque mi maleta es verde caqui. Hay que temerse lo peor, pero en la puerta de embarque, el tipo alza el pulgar y me sonríe como diciendo TODO OK!

Vuelo a Viena, paso la noche y vuelvo al aeropuerto destino Delhi. El vuelo no se hace especialmente largo y aterrizamos a la hora prevista. Después de esperar estoicamente mi maleta, pierdo la esperanza y me dirijo al responsable de Austrian. Está atendiendo a un pobre chico cuya maleta sí ha llegado, aunque completamente vacía. Entre llamadas de atención y alguna amenaza, consigo empezar a rellenar el formulario, y advierto al personal que mi maleta debe de estar en Ljubljana, Eslovenia. Por supuesto, la mayoría de ellos no sabe donde está Eslovenia, pero lo paso por alto ya que lo que importa es la recuperación de la maleta. Finalmente, conseguimos captar la atención del manager que con cierta calma nos cuenta que Austrian nos devolverá la maleta y que podemos gastar 100 dólares para básicos en estos días que pasaremos repitiendo mudas.

El seguimiento telefónico es bastante correcto, a los dos días aparece mi maleta en Ljubljana. A los tres, llega a Delhi, pero al cuarto me toca ir al aeropuerto porque aduanas no deja pasar mi equipaje. Y volver al lugar del crímen es como dormirse sabiendo que vas a tener pesadillas. Me piden que llame 20 minutos antes de llegar al aeropuerto para esperarme en la puerta 5. Por supuesto en dicha puerta no hay nadie, llamo y, oh sorpresa, it’s coming. Diez minutos, llamo, it’s coming. Diez minutos más, llamo, it’s coming. Diez minutos, llamo y, oh, está en Departures en lugar de Arrival. Mea culpa, no pregunté donde debía ir, pero si la maleta estaba en Arrival, lo normal es que compareciera en Arrival, no? Media hora de papeleo para entrar al aeropuerto, otra media para sacar la maleta del depósito.

Cuando uno ya tiene su maleta y se alegra porque está intacta, no ha terminado su Via Crucis. En aduanas, el representante de la compañía se corta con el elástico de la etiqueta de mi equipaje y para sorpresa de los extranjeros presentes y manifestación surrealista sin parangón en pleno siglo XXI, el encargado de aduanas abre un paquete de tabaco, quita el papelito metálico que cubre los cigarrillos y le dice. “Use this, it has antibiotic”. Y se puso el papel del tabaco cual tirita sobre la herido, que todo sea dicho de paso no dejó de sangrar en la siguiente media hora, con antibiótico incluido. Finalmente, y después de una sumisa aceptación de que mis ropas para 4 meses eran demasiado caras (en India, según el oficial de aduanas, solo se puede entrar con 8000 rupias en ropa, algo así como 130 euros!). Defícil  de explicarle que un traje en España puede costar más de eso. ¡Aduanas superadas!

Con mi maleta salgo del aeropuerto y me dispongo a finiquitar la última cuenta pendiente: los 100 dólares. Traigo mi tíquet del Zara, tienda donde yo nunca compraría, pero ya que paga Austrian me doy el gusto de un par de cosas necesarias y un par de capricho. Primero me piden que lo mande por correo a las oficinas del aeropuerto. ¿Pero si ya estoy en el aeropuerto? Después de diversas quejas con el representante de la compañía, desangrándose por momentos, me pasan al teléfono a un supervisor que me dice que debo mandarlo por correo y que ellos lo mandarán a Austria para verificar y me devolveran algun día un cheque a mi casa. Pero claro, visto el retraso y los errores con mi maleta, cualquiera pone de por medio a Indian Post y demás agentes del correo internacional. Le pido entregar mi tíquet y mis datos bancarios allí mismo. Me dice que no. Insisto y se produce otro brote de surrelismo. I have the bill of my clothes, grito y al otro lado del teléfono me responden “I can’t accept your clothes, sir”. “I said I have the bill of my clothes”. “Sorry, sir, but we can’t accept your clothes”. “I am wearing my clothes” respondo irado, “and I am not going to give them to you. I want to give you the bill”. A lo que sigue una tácita aceptación de la situación, un compás de espera de treinta minutos y el dinero en metálico de mis compras en un sobre, entregado por el ya moribundo Sr. Neeraj, que había dejado de lado su tirita de nicotina y se disponía a pedir la baja por larga enfermedad.

Volví a casa con todo: mi ropa del Zara, mi maleta y mi dinero en metálico. Tres horas bien invertidas.

The end.

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