Pangim: Goa esencial

Alguien me comentó que Pangim debía ser una pequeña Delhi en Goa, lo que me desanimó bastante a visitar la ciudad en mi escapada a la antigua colonia portuguesa. A pesar de que mi Lonely Planet dijera que la capital del estado era una muestra exquisita de la mezcla indoportuguesa y que tenía un encanto parecido a Lisboa, uno ya no tiene la misma confianza en el libro después de haber comprado y viajado con 4 de sus ejemplares por países tan diversos como Portugal, Marruecos, Japón y Taiwán y darse cuenta del cúmulo de despropósitos que aloja (por supuesto, obviando el cúmulo de aciertos que me han ayudado en muchísimas ocasiones).

Lo cierto es que ni Pangim se parece a Lisboa, ni a una ciudad portuguesa de provincias, ni es una pequeña Delhi en Goa. Los barrios antiguos de Pangim tienen el encanto de Fort Kochi, con sus casitas coloniales modeladas no se sabe como, los colores vivos de las fachadas y los recovecos que actúan de locales. Los hoteles de Fontainhas y Sao Tomé se encuentran en antiguas casas con patios interiores, habitaciones oscuras y muebles vetustos, restaurados o no con gusto según el precio de la habitación. En el Panjim Inn, donde me alojé, lo habían hecho bastante bien y te lo hacían pagar con creces, tras ser catalogado por el gurú de las guías como el hotel con más encanto de la ciudad. Lo cierto es que valía la pena la experiencia.

Pangim es pues un largo paseo entre callejas sin apenas tráfico, sin bocinazos, sin peligros inminentes de morir atropellado, es la dulzura de los edificios de planta y piso, el silencio del atardecer y unos obrigados que parecen relegados en Goa, pero que existen, sin duda, en Pangim, mucho más de lo que creía. Hablaban portugués en muchas tiendas de alcohol, no sé si por casualidad o por alguna razón histórica. Con todo la vida capitalina no tiene nada de portuguesa, a no ser esas mujeres con falda y blusa o vestido y esos hombres en pequeñas tascas bebiendo feni. Es difícil encontrar la huella portuguesa en Goa, y con todo se siente con una intensidad extraña.

Me voy de Pangim con el deseo de volver a pasearme por sus calles, como un día dejé Fort Kochi.

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