Curiosidad mutua

curiosidadNuestra llegada a una aldea remota de Rajasthán es un sueño. Allí donde vamos, levantamos una ola de curiosidad. Hace unos días nos adentramos en aquellos objetos de documental donde el reloj se paró hace años o siglos. Son aldeas que viven seguras de que su vida es la vida, donde las posibilidades nunca llegaron a ser infinitas. De Delhi, Bombay y la India emergente han visto poco, puesto que en algunas no llega la electricidad, aunque tal vez hayan oído hablar de los milagros que suceden en ciudades o pueblos cercanos que sin apenas medios de transporte son casi inaccesibles. Siempre igual: la visita paraliza la aldea a la par que nace un sentimiento de perplejidad ante un grupo de personas vestidas con extrañas prendas, que deambulan también algo perplejos ante la realidad que observan. Nos miramos, con ojos de incomprensión y aunque la lengua rompe el hielo, las palabras no son suficientes para explicar porque no nos entendemos. Sólo los ojos llenos de curiosidad logran quebrar, con suerte, la línea que nos divide, que no se sabe si es un hilo delgado de prudencia o el telón de acero de las desigualdades del mundo.

Nuestro viaje Turbantes de la India en agosto de 2014, te llevará a conocer el Rajasthán monumental y la cultura popular de sus remotas aldeas en el desierto.

P.S. Para más señas, ahora sé que estos niños viven Kesarpur, la aldea del azafrán, donde nunca lo hubo.

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