Homenaje a los que no tienen nombre

Estoy a punto de partir hacia India. Desde hace unos años, “mis” viajes salen con nombre y apellidos. Quienes reservan en Tarannà Viajes con Sentido, saben que el viaje lo lidera Enric Donate. Tú que ya has viajado o vas a viajar conmigo, con nosotros, sabes que tu viaje es Mar o Mónica que te atienden en la oficina. Conoces el nombre de tu conductor y su incansable ayudante: Rajesh, Ramesh, Vyas, Sultan, Dinesh, Subhash, Lalit, Srikant,  Vinod, Vineet… Si no estaba yo, te habrá atendido al llegar Dileep. El viaje somos nosotros, coprotagonistas contigo del viaje a India, pero también una larga lista de personas anónimas. Es aquel que te demostró como se ponía un turbante tras cancelar nuestra excursión a Ranakpur por la lluvia o el grupo que se paró a aleccionarnos sobre el lunghi ante el templo de Trivandrum. Es la chica del masaje en Kovalam, el hombre de la percusión del fuerte de Jodhpur, el guía con vitíligo del Fuerte de Amber. Son los chicos para todo del hotel de Chetinadu que se levantaban el lunghi con un movimiento gracioso de tobillo y nunca sonreían hasta que les arrancamos una sonrisa. Es el grupo de chicas que sirven en Sheroes a quien no hicimos fotos por respeto. El barbero de Rishikesh que hace el masaje de cabeza, el músico ambulante que llega hasta las dunas del Thar para hacernos bailar y los soldados que bailaron con nosotros, son los rickshawallas de Old Delhi y el conductor del autorickshaw que se perdió para llevarnos a la cena de gala en Jaipur. Es el profesor improvisado de yoga a orillas del Ganges, la monja tibetana que nos trajo el té mientras sus compañeras recitaban los sutras, el sacerdote que canta en el templo a orilla del lago de Jaisalmer, la mujer que nos enseñó a cocinar en Madurai, el guía tribal en Periyar. El señor del bigote de aquel restaurante de carretera y los camareros que querían una foto conmigo, el padre de la novia que nos invitó al banquete de boda, el propietario del bar que nos salvó del hastío durante al huelga general en Cochín y la chica que insistió para que bailaramos en el escenario de la fiesta de cumpleaños en Bikaner. Hay tantos personajes anónimos que dan forma a un viaje extraordinario que a sabiendas que no entienden este texto y que tal vez siquiera tienen como verlo, quiero hacerles un homenaje. Seguro que entre mis antiguos compañeros de viaje habrá quien esboce una sonrisa recordando el momento, y así, recordándolos con cariño se valoriza su trabajo y su presencia indispensable, pero a menudo imperceptible. Ellos, los que no tienen nombre, hicieron posible tu viaje. Solo espero volver a encontraros de nuevo este año.

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